Del gobierno hay mucho que decir en cuanto al desplome de su popularidad. Es un contínuo traspiés, escándalos de corrupción en cadena, precios de la canasta básica por las nubes, estilo de crispación permanente en la relación con el resto del pueblo y pisoteando los derechos de las clases más necesitadas, sin un mínimo de sensibilidad social y que, además, no proyecta garantías de democracia si es reelegido.
Entre un gobierno elitista y una sociedad como la nuestra, se está demasiado cerca del desborde, cada día se es más exigente con la clase política, por lo que el estilo político del gobierno da cada vez más señales de desesperación y agotamiento.
La tesis doctoral "El Delito de Opinión Pública", en la que el Sr. Presidente se refirió al tema de la opinión pública y a las figuras que construyen el delito sobre la emisión del pensamiento en 1978, hoy 30 años después, vemos conceptualizaciones que originan exasperación de conflictos y estado de irritabilidad social en un pueblo asqueado ya de puras intervenciones demagógicas.
La negación a un debate público con sus oponentes han limitado y debilitado su credibilidad entre la gente del pueblo y hasta la de sus propios funcionarios, dirigentes, militantes y simpatizantes, los cuales se muestran enfadados en privado, encogidos, porque ven desesperanzadas sus posibilidades de continuar en el poder.
Afirmar frente al pueblo que sus oponentes carecen de destreza para conceptualizar, obviamente deja entrever ante la ciudadanía que están faltos de inteligencia o que poseen debilidad mental o idiotez o que no tienen clase. A ojo de todos, la mayoría de los candidatos de oposición tienen (gracias a Dios) la virtud de autocriticarse de sus propias conductas y de tornarse prudentes ante adversidades y contrariedades sin entrar en descalificaciones.
Todos sabemos que el Presidente es poseedor de un coeficiente intelectual alto y de muy buen léxico, pero cuidado, el 16 de mayo el pueblo podría rechazar tajantemente el elitismo en las urnas, brindando a Leonel una que otra sorpresa que de seguro, le serviría para aliviar sus sentimientos de culpabilidad por subestimar a todos, inclusive a quienes lo admiran.
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