El gobierno comenzó el “matadero electoral” del 16 de mayo próximo el mismo día que el presidente Leonel Fernández anunció su intención de mantenerse en el cargo durante cuatro años más.
Para lograr ese propósito el presidente Fernández decidió jugársela el todo por el todo sin escatimar recursos económicos, provengan de donde provengan, y sin importarle que sus acciones violaran no sólo la ética política y la moral social, sino la Constitución y las leyes.
Con los recursos del presupuesto de la nación el presidente Fernández está subsidiando la reelección. Los problemas políticos, económicos y sociales se “enfrentan” con el dinero de las recaudaciones fiscales sin importar que después de las elecciones el Estado quede virtualmente quebrado generando una inestabilidad económica muy peligrosa...
El presidente Fernández está empecinado en quedarse en el poder por las buenas o por las malas, con votos o con botas, aunque deje el aparato estatal totalmente desarticulado y en ruinas, sumido en el caos. Para el grupo gobernante la reelección es cosa de vida o muerte, porque muchos de ellos saben que tendrán que enfrentar la justicia si hay un cambio de gobierno porque el país no resiste más impunidad ni más corrupción.
El 16 de mayo está en juego el destino político del país, es cierto, pero también está en juego el destino del presidente y de sus funcionarios. Lo que está haciendo el presidente para mantenerse en el poder no tiene precedentes. No es verdad que Joaquín Balaguer hiciera lo que está haciendo el presidente Fernández. No es cierto que Hipólito Mejía hiciera lo que está haciendo el presidente Fernández. Si el ex presidente Mejía hubiera hecho la mitad de las cosas que está haciendo Fernández todavía fuera presidente de la República, pero sus escrúpulos no se lo permitieron, ni su sentido ético y moral Lo que ha gastado el presidente Fernández en su reelección no se había visto nunca antes.
Basta con salir a las calles de la capital o de cualquier ciudad del país para ver los afiches, las vallas, etc.; basta con encender la radio y la televisión para sentirnos abrumados por la propaganda y la publicidad; basta con escuchar a una buena parte de los llamados “líderes de opinión” para sentirnos asqueados por la forma burda en que se han convertido en simples velloneras o bocinas. Más de 600 millones de pesos gasta el gobierno todo los meses en mantener esas velloneras y esas bocinas para que repitan las mismas mentiras todos los días, para que contribuyan a crear una percepción de triunfo arrollador en primera vuelta.
El gobierno no ha creado un clima electoral diáfano, ni transparente. Al contrario, está creando un clima de inestabilidad electoral que la Junta Central Electoral no puede impedir por su falta de fortaleza institucional y legal. Nadie puede detener al presidente de la República. El artículo 55 de la Constitución lo convierte en un súper hombre, en casi un Dios. Además tiene todos los poderes del Estado, incluyendo a la Justicia como se ha visto en el caso de la Sun Land.
En este país no habrá elección libre ni transparente. No puede haber elecciones limpias cuando el gobierno está comprando la conciencia ciudadana, cuando ha creado un poder mediático que le ha permitido forjar una percepción de triunfo en la primera vuelta, algo absurdo, divorciado por completo de la realidad, de lo que está pasando con el mercado electoral, que no es otra cosa que el rechazo a la reelección.
¿Cómo puede hablarse de elecciones limpias cuando el gobierno está subsidiando la reelección con los recursos del Estado? Subsidio a la electricidad, subsidio al pan, subsidio a los tránsfugas reformistas y perredeísas, subsidio al gasoil, subsidio a los supermercados, subsidios a las zonas francas, subsidio a los choferes, subsidio a la prensa, subsidio al arroz, subsidio y armas de fuego para los productores agropecuarios, subsidio a los ganaderos, subsidio a los tigueres en los barrios, subsidios a los militantes del PLD a través de las nominillas,; otros subsidios a través de la tarjetas solidaridad, comer es primero, etc. Subsidio a los subsidios.
El propósito es crear un colchón de votos. Pero esos subsidios desaparecerán tan pronto terminen las elecciones porque nadie puede gastar más de lo que tiene. ¿Se puede hablar de elecciones limpias cuando el gobierno está comprando el voto de la gente? ¿Se puede hablar de elecciones cuando el gobierno, con los recursos del Estado paga por 20 mil teléfonos móviles 37 millones de pesos más 7.5 millones de impuestos para que sus militantes los usen durante el día de las elecciones? ¿A quienes llamaran? ¿A las Fuerzas Armadas? ¿A la Policía Nacional? ¿Al secretario de Interior y Policía desde los propios colegios electorales? ¿Se puede hablar de elecciones cuando se amenaza a los beneficiarios de los programas de “ayuda” y a los empleados públicos de que si no votan por la reelección serán castigados? ¿Por qué alguien que dice tener más del 60% del electorado luce desesperado, por qué anda comprando lo que antes decía que no servía? La verdad es que la primera vuelta se aleja. Los números no le dan al presidente Fernández. En el Palacio hay un corre-corre. Leonel baja. Miguel sube. (“A correr fanáticos”, como diría el famoso narrador de carreras de caballos)
La segunda vuelta es un peligro para el oficialismo. Ya no habrá a quien comprar. Si la reelección no se impone el 16 de mayo, será una derrota que se repetirá en la segunda vuelta a pesar de los 300 millones de pesos del presupuesto nacional. Es por eso que el gobierno está obligado a “ganar” el 16 de mayo, día peligroso para el sistema democrático del país. La pregunta es, ¿está la oposición preparada para lo que hará el gobierno el día de las elecciones? ¿Está preparada la oposición para defender el voto de la gente y que se respete su voluntad?