Me motivé a escribir este trabajo porque Elpidio Báez, en el periódico El Nuevo Diario, advertía que en la redacción de Listín Diario le “estaban cayendo a atrás al fantasma de Rafael Herrera”.
La inquietud de Báez fue en base a los acontecimientos del Listín Diario, donde un personaje, luego de la muerte de Don Rafael, le vendió a Eduardo Pellerano Nadal (Eduardito) la idea de que el personal periodístico dejado por Herrera era inadecuado y no podía estar en la redacción. Con este argumento, de un plumazo fueron cancelados l5 periodistas. Otros se vieron precisados a renunciar, como es el caso del actual director de almomento.net, Saúl Pimentel. (Recuerdo que años después Saúl proclamaba a los cuatros vientos que le hicieron favor, pues tras su salida forzosa del Listín Diario, en donde laboró durante 15 años, creó un novedoso canal de noticias por televisión el cual luego vendió por una suma millonaria al Banco Popular, y fue convertido luego en la Cadena de Noticias).
Les dejo con el referido artículo. Decía así:
A quienes Dios nos colocó en la posición privilegiada de compartir y aprender de esa gloria del periodismo dominicano y latinoamericano, que por su labor profesional, humanista y de fe en el desarrollo socio-económico de la sociedad, recibió honores en vida que nadie puede superar, tenemos que sentirnos orgullosos de haber conocido un hombre extraordinario llamado Rafael Herrera Cabral.
Escribir todo lo bueno que fue Herrera es plasmar una bibliografía donde lo humano fue su forma de ser y de existir.
Don Rafael tenía un claro criterio de lo que era y para qué servía el periodismo. Por eso, nunca vaciló en salir a defender a los perseguidos, mediar para salvarles la vida, embarcarse en obras de beneficio social y reconocer gallardamente cualquier error que se cometiera bajo su rectoría periodística.
Si erraba en un editorial hacia del error un comentario obligado en las reuniones de personas que llaman la atención diciendo: “¿Leíste lo que escribió Herrera?”.
Era una costumbre en los hogares, oficinas, cuarteles y otros lugares decir: “Déjame ver lo que escribió Herrera!!”.
No era para menos porque su estilo editorial despertaba interés, orientaba y creaba opinión. Una opinión que en ocasiones producía la acción inmediata gubernamental, militar o empresarial.
Por eso, gobernantes, gobernados, líderes políticos, empresarios, industriales, ministros, ex presidentes, obispos, dirigentes eclesiásticos, amas de casas y los que acudían donde Herrera tenían fe y el convencimiento de que su intervención, fuera personal o por medio de sus editoriales, resolvían los caos planteados.
La fe de Herrera hizo de su despacho un lugar donde acudía el mundo político, el mundo empresarial y todo el país, por medio de sus representantes.
Ahora que no tenemos en el mundo de los vivos la figura, el cabello blanco y el humo de la paz que simboliza Herrera, tenemos que valorar la obra que nos legó.
Particularmente, me siento orgulloso de haberle servido en vida a Herrera y serle fiel hasta después de la muerte.
Don Rafael Herrera, fue mi orientador, guía y base de sustentación profesional que permitió proyectar diariamente mi trabajo.
De Herrera tengo gratos recuerdos porque me enseñó que el periodismo debe ejercerse en función del bien, no del egoísmo y la maldad.
Su periodismo moderado, plural y socialmente comprometido con la verdad hizo de Herrera una muralla donde se estrellaban las maldades, las injusticias y el abuso en todas sus manifestaciones.
Recientemente, Elpidio Báez, en una columna publicada en El Nuevo Diario, mostraba su sorpresa por los cambios después de Herrera. Expresaba: “Me parece que les están cayendo atrás al fantasma de Herrera”.
Esta inquietud de Báez tiene un sentido de presente, donde se percibe que algo se mueve en el entorno que dejó Herrera, en el Listin Diario.
Ojala no les caigan atrás al fantasma de Herrera tratando de borrar su obra de pescador de talentos periodísticos, diezmando la redacción, intranquilizando y aterrorizando a los que le sirvieron. No debemos olvidar que cuando un pueblo castiga la bondad de sus muertos, ese pueblo termina sepultando a sus perseguidores.
Son tiempos nuevos, cada quien es libre de escoger su camino dentro del esquema de la globalización que amenaza con borrar los símbolos nacionales. Esto se entiende, lo que resulta cuesta arriba es que se quiera brillar sepultando obras que como las de Herrera tienen sus historias.
“El hombre que no tiene gratitud, su alma y sus sentimientos son fríos y duros como una piedra.
Sus amigos, por más amistad, afecto y fe que siembren en su espíritu, sólo cosechan deslealtad y traición”. Este pensamiento es de Víctor Méndez Capellán, un gran amigo de don Rafael Herrera.
Les dejo este bello mensaje, y…. al que le encaje que se coloque el traje.
Doce años después, de este artículo reitero lo que escribí porque el periodismo es real y se nutre de la verdad. Eso si, de toda la verdad.
El autor es periodista.