El pasado miércoles, en el municipio de Los Alcarrizos, situado al Norte de Santo Domingo, se anunció la presencia del doctor Leonel Fernández. Eso hizo que me sentara en una segunda planta de una vivienda de la calle Duarte (principal vía de acceso a esta localidad) por dónde estaba previsto que pasaría el Presidente y Candidato, para tener una mejor visión de multitud. Y así fue.
A partir de las seis de la tarde dicha vía a medida que iba pasando el tiempo, se iba convirtiendo en un mar humano. A eso de las 6:30 de la tarde, cuando el Presidente pasó por mi frente, pude palpar
que no sólo ganará en primera vuelta (cómo arrojó la más reciente encuesta con un 54%) sino también él ha llenado el vacío de liderazgo creado al desaparecer físicamente los líderes criollos Juan Bosch, Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez.
El pasado miércoles pude ver cómo las personas (niños y niñas, mujeres y hombres y ancianos) querían estrechar las manos de su líder.
Esa sensación de admiración es similar a la que yo pude palpar en mi niñez, cuando en una ocasión en mi ciudad natal, El Seibo, pude dar la mano al doctor Joaquín Balaguer quien, con sus cosas buenas y malas, como todos los seres humanos, era un líder de masas y un literato.