Su permanencia en la palestra nacional podría continuar, aún más allá de las elecciones del próximo 16 de mayo.
Los detractores y críticos de la reelección opinan que debido a la debilidad de nuestras instituciones, la reelección expone a nuestro sistema político al riesgo de una dictadura democrática y a merced de liderazgos personalistas y hegemónicos de gobiernos presidencialistas y corruptos.
Lo cierto es que no existen argumentos lo bastantes sólidos que demuestren que sus aseveraciones tengan que ser necesariamente ciertas; más bien, el éxito de un gobierno reelecto o recién instalado puede estar influenciado a factores internos y externos de la economía global, combinados con la voluntad de éstos a ejecutar un apropiado proyecto de nación en beneficio del país.
Pero la reelección no ha sido solo cuestión polémica exclusiva de nuestro país, la fiebre reeleccionista en su modalidad consecutiva o alterna ha estado ganado terreno en la mayoría de los sistemas legislativos latinoamericanos. Son ya catorce de dieciocho los países que están aplicando la reelección, ya sea en su variante consecutiva o alterna. Los últimos países en adherirse esta tendencia han sido Costa Rica en el año 2003, prohibida en el año 1969 y restablecida en la modalidad alterna. Y Colombia prohibida en 1991 y restablecida en su versión consecutiva en el 2005, permitiendo con ello la reelección del actual presidente Álvaro Uribe.
Así podemos ver que admiten la reelección consecutiva Argentina, Brasil, República Dominicana (Alterna en 2000), Venezuela y Colombia. Otros nueve países permiten la modalidad alterna, después de transcurrido un mandato presidencial, ellos son Bolivia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Perú y Uruguay.
Sólo cuatro países la prohibe en todos los casos: Méjico, Guatemala, Honduras y Paraguay.
Por otra parte, los defensores de la reelección, argumentamos que esta no es automática ni obligatoria, en cambio permite aplicar un enfoque más democrático en la medida que ofrece a la ciudadanía un abanico de opciones para elegir con mayor libertad, incluyendo al candidato presidente de turno, responsabilizando por su desempeño al frente de su gestión, pudiendo premiarlo o castigarlo según sea el caso.
Sobretodo, pensamos que la reelección permite la continuidad, el afianzamiento y la profundización de las reformas estructurales y de medidas socio económicas ejecutadas, consolidándolas para que surtan los efectos esperados en favor del bienestar de la sociedad.
De hecho, la ley de reelección se está incluyendo en las constituciones de prácticamente todos los países latinoamericanos como un mecanismo inherente a las actuales democracias. Dicha ley trata con amplitud el Derecho Fundamental del individuo a elegir y a ser elegido, complementándolo y perfeccionándolo.
Se pueden citar dos ejemplos de reelecciones positivas, la Fernando Enrique Cardoso en Brasil (1995-1999 y 1999-2003) y la de Julio María Sanguinetti en Uruguay (1985-1990 y 1995-2000).
Los periodos de 1982-1986 y 2000-2004, corresponden a dos relevos de gobiernos desastrosos en el país, fueron las gestiones del Presidente Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía, respectivamente.
En los países desarrollados la reelección presidencial ya no es motivo de discusión, puesto que ya es materia superada, pues permiten la reelección inmediata Canadá, Estados Unidos, Francia, España, Inglaterra, Italia, Alemania, Portugal, Rusia, incluso varios de estos países permiten la opción a un tercer periodo, si la situación socio económica ha sido favorable en los dos periodos anteriores.
En España, el socialista Felipe González Márquez, presidió el gobierno durante catorce años repartidos en 3.5 periodos sucesivos (1982-1996); agotó uno de los mandatos más largos de historia moderna de España. Le sigue en el Reino unido, el Laborista Tony Blair, quién agotó diez años en 2.5 periodos consecutivos (1997-2007) como primer ministro.