Varios de los inmigrantes expulsados a su país fueron entregados a ese organismo por la Justicia y el ministerio Público, luego de cumplir condenas por diversos delitos, según destaca la agencia Efe.
La mayoría de los inmigrantes son niños y mujeres que pedían limosnas en las calles de Santiago y otros se dedicaban a lustrar zapatos y los cristales de los vehículos.
Las autoridades también informaron que entre los detenidos y posteriormente repatriados hay diez mujeres que fueron sorprendidas ejerciendo la prostitución en lugares públicos de Santiago.
Según la fuente, algunos de los inmigrantes insultaron y trataron de agredir a los agentes migratorios y a los soldados.
Otros, sin embargo, lloraban mientras eran transportados a la frontera para su posterior expulsión a su país, alegando que en Haití se exponen a dificultades junto a sus familiares que dejaron desamparados porque no hay empleos y los alimentos tienen precios "inalcanzables" para los pobres.
Morujá Piém, una de las inmigrantes repatriadas, dijo que hace siete meses cruzó la frontera dominico-haitiana junto a un grupo de 86 personas que lograron llegar hasta Navarrete, en Santiago, luego de pagar cada uno 1.600 y 1.800 pesos (47 y 52 dólares) a dos transportistas dominicanos.
En medio de llantos, la haitiana dijo que al llegar a Santiago encontró la ayuda de un familiar suyo y se dedicó a vender frutas y víveres en un mercado de la ciudad, lo que le permitía, agregó, enviar cada semana dinero a sus padres, quienes tienen a su cargo cuatro de sus seis hijos.
"Hasta a dos de mis hermanos los ayudaba porque no tienen empleos y estaban pasando hambre", dijo la inmigrante mientras rogaba a los inspectores que les dieran una oportunidad de quedarse en el país.