Cuando pensamos en la enfermedad de Alzheimer, lo primero que nos viene a la mente son los rostros de Ronald Reagan o de Charlton Heston. Pero yo pienso en mi amiga Carmen, que tenÃa mi edad, y lloro por su partida y todo lo que se perdió.
Patti Davis, la hija de Ronald y Nancy Reagan escribe que hay otra forma en que los rostros cuentan la historia de esta enfermedad: “En la primera etapa los ojos adquieren una mirada de sospecha, un velo de temor.
Es como si la persona estuviera al borde de un banco de niebla, sabiendo que con el tiempo quedará inmersa en ella y no tendrá oportunidad de salir.
Yo veía que los ojos de mi padre simultáneamente suplicaban y se mantenían firmes. Sucedía esto cuando se detenía en la mitad de una frase, por no poder recordar cómo terminarla. O cuando decía: “Tengo esta enfermedad… me olvido de las cosas…”.
La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por la diseminación gradual de placas y marañas de fibras que interrumpen la delicada organización de las neuronas en el cerebro. A medida que las células cerebrales dejan de comunicarse unas con otras, se atrofian y producen una disminución de la memoria y el razonamiento. El cerebro se encoge de tamaño y peso, y los apretados surcos cerebrales originales se llenan de espacios y grietas.
Aparte de esto, sabemos muy poco sobre esta terrible enfermedad que afecta a millones de personas en el mundo. Pero estamos comenzando a entender algo más gracias a 678 monjas de la orden de Hermanas de la Escuela de Notre Dame, que han dedicado sus vidas, y luego de su muerte, sus cerebros, a la ciencia médica.
El Estudio de las Monjas realizado por el Dr. Davi Snowdon (quien participó anteriormente en el famoso Estudio sobre la Salud de los Adventistas) ha demostrado que una historia de derrames cerebrales o de golpes en la cabeza puede aumentar la posibilidad de tener Alzheimer.
En cambio, los estudios sistemáticos, la educación universitaria y una vida intelectual activa, pueden proteger contra este mal. Después de analizar las autobiografías de 200 monjas, escritas cuando ellas tomaron las órdenes sagradas, el Dr. Snowden encontró que las hermanas que usaban frases más complejas en estructura y concepto, y las que habían expresado las emociones más positivas cuando escribieron en su juventud, vivieron por más tiempo.
A medida que las funciones mentales declinaron, expresaron cada vez menos emociones positivas.
Como Dios nos habla a través de nuestros cerebros, es importante protegerlos de daño, mantenerlos activamente útiles, y pensar en forma positiva.
*El autor es médico