Los daños a largo plazo relacionados con la quimioterapia no se habían estudiado profundamente, por lo que aunque los oncólogos sabían de sus secuelas neurológicas, sus bases fisiológicas no habían sido investigadas a profundidad en el laboratorio, y no estaban muy claras hasta ahora.
Un artículo publicado en 2005 en websalud.com indicaba ya que “los fármacos quimioterápicos para el tratamiento de los tumores pueden repercutir sobre la función cognitiva del paciente. De hecho, la mayoría de trabajos publicados coinciden en afirmar que la quimioterapia produce deterioro cognitivo en aproximadamente el 34% de los enfermos. Sin embargo, el estudio de cómo afectan sobre la memoria, el lenguaje, la capacidad de aprendizaje, la atención o las habilidades relacionadas con las matemáticas ha quedado relegado a un segundo plano, y el interés sobre los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos se ha dirigido hacia los aspectos más físicos.
Sin embargo, gracias a un estudio realizado por la Universidad de Rochester, EE.UU., recientemente publicado en la revista “Journal of Biology”, se ha podido establecer la forma en que afecta las células cerebrales una de las quimioterapias más utilizadas hoy en día conocida como “el 5 fluoracilo o 5-flu”, la cual se emplea ampliamente en el tratamiento de tumores de mama, colon, estómago, páncreas, ovarios, intestinos, entre otros.
Entre algunas de las secuelas neurológicas de la quimioterapia se mencionan: la pérdida de memoria, despistes, mala concentración, cefaleas, alteración de los sentidos, fatiga, inestabilidad al caminar y en los casos más graves hasta demencia.
Como todo apunta a que este tratamiento seguirá siendo por el momento la terapia estándar contra muchos tipos de cáncer, los expertos señalan que es importante conocer cómo se producen los daños cerebrales y explican que: el fármaco 5-flu, ataca a los llamados oligodendrocitos, que son los encargados de producir la mielina en el sistema nervioso central.
La mielina es la sustancia que recubre las fibras nerviosas del organismo, las protege y facilita la transmisión adecuada de las órdenes desde el cerebro al resto del cuerpo. Por lo que si ésta no se renueva constantemente, se dificulta la comunicación entre las células nerviosas.
En el experimento llevado a cabo en ratones, se observó que seis meses después del tratamiento, la mielina había desaparecido casi por completo, provocando que los estímulos tardaran en llegar desde su oído hasta su cerebro. También se observó que los daños en el sistema nervioso central de los roedores empeoraron con el tiempo.
Según los expertos que realizaron el estudio, las secuelas neurológicas de la quimioterapia pueden aparecer incluso años después de concluido el tratamiento, y éstas pueden variar según sea el tipo de cáncer, la duración del tratamiento, la combinación de quimioterapia empleada, o la dosis de fármacos acumulada.
Los autores del estudio señalan que habrá que seguir investigando sobre los efectos retardados de la quimioterapia y advierten que “conocer estos problemas es el primer paso para prevenirlos".
Fuente: salud.com con información de: www.elmundo.es